domingo, 17 de junio de 2012

¡Marchando!

(Antibes 2012: la crónica definitiva)
-¿Y si no hay arroz?
-Entonces puré.
-¿Y si no?
-Pasta.
-¿Y a todo le echo queso rallado?
-Sí.
-Marchando.
Que conste que no me quejo, pero esto no es lo que tenía planeado para estas dos últimas horas de competición, francamente. Mi idea inicial era pasármelas enteritas sentado al fresco en el chiringuito de la playa, tomándome un helado bajo una sombrilla mientras contemplaba desde desde la distancia como el resto de corredores y marchadores de los 6 días seguía dando vueltas y más vueltas al circuito del Fort Carré de Antibes a la espera de que se cumpliera el tiempo y la prueba terminara. Y cuando, casi a punto de irme para allá, ha aparecido Eva caminando porque las heridas que tiene en los pies no le dejan correr y me he puesto a acompañarla, mi intención era la de hacerlo solo durante las tres o cuatro vueltas que necesitaba dar para asegurarse el podio. Para eso estamos los compañeros. Pero llevamos ya siete u ocho y no sé si es porque no sé decir que no o que, pero aquí estoy, ante la mesa del avituallamiento, después de pasar de largo una vez más por delante del chiringuito, pidiendo que me sirvan rápido un poco de puré de patatas para salir pitando y alcanzar a Eva de nuevo antes de que se le enfríe. 
-Lo siento, no hay queso.
A estas alturas la mayoría de los participantes ha dejado realmente de competir y se limitan a cubrir sus últimas vueltas al circuito a ritmo de paseo cumpliendo con el rito de hacer ondear sus banderas, o simplemente aguardan sentados junto a las tiendas a que den las cuatro de la tarde. A casi nadie la cosa le viene ya de una vuelta de más o de menos. Incluso la cuarta se ha rendido ya y camina más lento todavía que nosotros. Pero Eva dice que sigue. Quiere llegar a 590 kilómetros.
-¿Te cojo algo de beber?
-Isotónico y agua, por favor.
-¿Y de comer?
-La próxima vuelta.
A falta ya de menos de media hora para el final, en la zona de meta la gente se agolpa ahora ante la web cam que ha retransmitido la carrera durante estos seis días para mandar un último saludo a los amigos y familiares que los ven desde casa. Me pregunto si los míos me habrán visto también pasar a toda leche sorteándolos a todos con un vaso de plásticos en cada mano. Si han estado atentos habrán podido comprobar que no he derramado una gota. 
-¿Cuántos kilómetros llevo?
-Te lo miro en la próxima.
Y al siguiente paso por meta me detengo una vez más ante el tablero electrónico que actualiza la clasificación de la prueba vuelta a vuelta para mirar los kilómetros que lleva Eva. Ahora que caigo, no sé cuánto hace que no miro los kilómetros que llevo yo, que también compito en esta carrera y voy a ganar en la modalidad de marcha, no sé si estará mal que lo diga después de todo. 
-589. Con esta estás lista.
-Mejor doy otra, por si acaso,y así me paro en mi tienda y cojo ya unas cosas para más tarde.
-Bueno, vale.
Y una vuelta después hago por fin mi último paso por meta llevando en una mano mi bandera ajedrezada de los tercios de Spinola en una mano, y en la otra el neceser de Eva.
















Foto: Laurent Armand

1 comentarios:

José Osvaldo Fernández dijo...

Leyendo esto, instalado cómodamente en el sofá de casa, luego de haber cumplido por partida doble (entreno y trabajo, por ese orden jerárquico de importancia, que no de rentabilidad económica), hasta parece facil.

580 kms...
590 kms...

pero esto no es como lo de los "cincomiles" en pista, verdad?

- Medalla ó amiga?
- Amiga por favor.
- Marchandooo...!